DE NUEVA YORK AL CARIBE, UN VIAJE DE LUJO EN EL SYMPHONY OF THE SEAS DE ROYAL CARIBBEAN

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De Nueva York al Caribe, un viaje de lujo en el Symphony of the Seas de Royal Caribbean

El crucero, de Royal Caribbean, tiene una capacidad para cerca de 7.000 pasajeros. Ofrece una variedad de restaurantes y actividades para todas las edades. Crónica.

Alicia Liliana Méndez

Desde lo lejos se visualiza la Estatua de la Libertad y Manhattan, isla situada en la desembocadura del río Hudson, en el norte del puerto de Nueva York (Estados Unidos). Edificios de lujo, rascacielos y diferentes tipos de embarcaciones componen este paisaje, un fiel retrato de los miles de postales que se venden en Times Square.

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Cape Liberty, una de las tres terminales transatlánticas de pasajeros en el puerto de Nueva York y Nueva Jersey, es el escenario para captar esa panorámica, mientras los pasajeros del Symphony of the Seas, de Royal Caribbean, se alistan para una aventura de siete días por Estados Unidos y el Caribe.

Y llegaron las vacaciones de medio año, un periodo para descansar y en el que distintas compañías de cruceros se preparan para navegar alrededor del mundo. EL TIEMPO se embarcó en el Symphony of the Seas, que zarpó desde Nueva Jersey, en las goteras de Nueva York, luego pasó por Orlando (Florida), Nasáu, capital de las Bahamas, y terminó en Coco Cay, isla privada de Carribean.

El primer día arranca en el puerto de Cape Liberty, al que se llega sobre el mediodía para cumplir con el proceso de embarque y la verificación migratoria, y aunque es densa la cantidad de personas, la organización marca la pauta, dándoles prioridad a los adultos mayores, personas con algún tipo de discapacidad y familias con niños pequeños.

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Al ingresar al crucero –las maletas las llevan a la habitación– se siente de inmediato el cambio, el impacto es grande ante la majestuosidad de la embarcación. A la par, lo primero que informan al abordar es la programación –que se puede consultar por horas y días en la aplicación de Royal Caribbean– de cada una de las actividades en el crucero. Además, se ofrece el servicio de internet.

Cada piso del Symphony of the Seas es una aventura, y recorrerlo de punta a punta puede ser toda una expedición. Obligado, iniciar el día en las tres últimas cubiertas, justo donde se ubican las piscinas, jacuzzis y toboganes.

Allí, la intensidad del sol se mezcla con el infinito del mar, las risas y las entusiastas conversaciones que se escuchan en medio del zarpe, que no se puede perder, ya que tiene la oportunidad de ver a la magnífica Nueva York en todo su esplendor.

¿El barco se mueve? Es la primera pregunta que retumba en la mente. En realidad, el oleaje mientras se navega no se siente y aquellos que pueden estar intimidados por la majestuosidad del mar se sentirán tranquilos ante los paisajes.

Con el buque en movimiento podrá dar rienda suelta a su imaginación. El barco tiene puntos privados donde podrá relajarse en jacuzzis –en estos se podrá proteger más del sol–; paralelo al sector de las piscinas, donde la música y los DJ animan a participar en concursos.

En estas cubiertas hay bares o puntos de consumo de bebidas –con o sin alcohol– que lo podrán llevar hasta donde se tome el sol. Además del restaurante general y un centro de comida mexicana –snacks–, aquí las horas pasan y se sienten como segundos.

Diversión para todos

En los toboganes se divisan valientes y nerviosos, pero al final todos se deslizan por los dos pisos. El Symphony cuenta, además, con un área que simula las olas del mar donde es posible aprender a surfear de la mano de instructores.

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De hecho, los siete días que dura el crucero no alcanzan para llevarse una idea real de los espacios de la embarcación. Para los niños hay lugares para desarrollar todo tipo de actividades lúdicas, juegos de máquinas, un carrusel y hasta una pista de hielo; estos dos últimos, abiertos para todas las edades.

Asimismo, se puede disfrutar de juegos de salón, para los adultos; y qué decir del casino, que no tiene nada que envidiarles a los de Las Vegas. Las luces, el ruido de las máquinas y la palabra blackjack de seguro que hacen de este lugar un punto obligado para conocer, así no vaya a apostar.

Se recomienda recorrer la quinta cubierta (piso) –que es la ‘zona rosa’ del barco, que marca la actividad nocturna–, donde encontrará bares y espacios de recreación como Boleros, donde una orquesta en vivo interpreta sones caribeños, salsa, bachata y merengues. Allí, los latinos exponen sus mejores pasos, y extranjeros de diversas nacionalidades ponen en práctica las clases de baile que se ofrecen en el barco.

Una pareja que se robó las miradas al bailar fue la de Carlos y Maite, que viven en Puerto Rico y celebraban 45 años de matrimonio. “Este crucero fue el regalo sorpresa de nuestros hijos. Siempre habíamos querido una experiencia así y, la verdad, la hemos disfrutado mucho”, aseguró Maite.

Coco Cay

Varios de los restaurantes especializados se encuentran en el Central Park, así es, una escenificación de este lugar de Nueva York. Allí la gastronomía de Italia compite con la comida de mar, mediterránea y los tradicionales asados. A esto se suma que en el Symphony of the Seas hay diversos puntos para compartir un snack: pizza, perros calientes, lugares estratégicamente ubicados.

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Todas las noches podrá disfrutar de funciones en el teatro tipo Broadway, un lugar diseñado para el montaje de obras –suben y bajan rampas, los actores vuelan– y la calidad del sonido es alta. A la par, hay una presentación del Teatro del Agua, en el área de piscinas que no se puede perder.

En el punto máximo del viaje se llega a la isla privada de Royal Caribbean, Coco Cay, en las Bahamas. Un lugar paradisíaco, de gran colorido, dividido en ambientes –para trasladarse hay carritos–, con más de 10 toboganes, los más altos hasta de 40 metros. Cada sector cuenta con una playa privada –acceso ilimitado a snacks de diferentes tipos, entre los que sobresalen los mariscos–, piscinas y jacuzzis, que lo hacen sentir como en un sueño donde usted es el rey.

*Por invitación de Royal Caribbean

Alicia Liliana Méndez

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